
Esta vigésimo sexta y última edición del Festival de Otoño que pasará a llamarse “Festival de Primavera”, reduce ligeramente, con respecto al año anterior, el número de días, funciones y compañías invitadas.

Cuenta con treinta y dos compañías y dieciocho estrenos (en España) y, algo menos mediático que otoños anteriores nos da una oportunidad, al año, de refrescar el concepto teatral y comprobar que la cultura escénica, a pesar de todo, se mueve, quizá como el personaje ciego de Pina Bausch en la película de Fellini E la nave va.
Pros y contras
Como no pretendemos hacer crítica de los espectáculos, ya que ahí estuvieron para disfrutarlos, sufrirlos, reírlos o patearlos, que es lo bueno que tiene ser participe directo del evento teatral, sí podemos, y creo que es uno de los objetivos de esta publicación, demandar más cosas a este estupendo pero reducido y previsible festival.
Previsible, sobre todo si te has paseado por algunos festivales de Europa, especialmente el de Avignon. Reducido, porque en cuatro semanas, con funciones de numerosas compañías coincidentes en días y horas, es complicado abarcar el festival.
En otras ciudades de este entrañable territorio la mayoría de estas compañías han sido incorporadas a la programación habitual de sus teatros con toda normalidad, continuidad y abundancia. En Barcelona, en Sevilla, en Gijón, en Murcia, Granada o en Málaga, han sido vistos espectáculos de Rosas, Jan Lauwers, Pina Bausch o Jerk, por hablar de esta edición. Algunos de los espectáculos que veremos ya han sido mostrados en estas ciudades hace muchos años sin demasiados aspavientos de festival insigne y sin la desesperanza de la continuidad. En este Madrid aguerrido y endogámico de grandes lagunas escénicas, compañías que han girado por otras Comunidades ahora nos sorprenden fugaces en este otoño y para después dejarnos ciegos vagando por el desierto del resto del año. Aunque algunos de nuestros teatros nos refrescan la mirada incorporando en pequeñas dosis compañías internacionales en su programación, no entiendo la desidia de nuestras administraciones.
Siempre nos cuesta distinguir entre lo que llamamos un festival y lo que sería una programación. La diferencia parece ser, y creo que muchas veces la única es la concentración de unos contenidos en un breve periodo de tiempo, si los dilatamos durante unos cuantos meses, sería una programación convencional. A otros festivales se les exige algo más que ser una simple mirada. Se les pide un compromiso en contenidos y formas contemporáneas, una coherencia en su conjunto, una exigencia que se traduce en un mensaje por encima de un recopilatorio de éxitos más o menos acertado y repetido. Una referencia.
Nuestros productores privados están esperanzados, parece ser que han conseguido desplazar el Festival de Otoño a una primavera de aires más frugales. Sus presiones para esquilmar en lo posible el festival han surtido efecto. Se piensan que el empobrecimiento de la oferta pública les aportará mayores réditos. Grandes banderas otean en Madrid, la mezquindad también. Acusan de deslealtad a la actividad pública de la que también se nutren siendo programados, subvencionados e incluso recibiendo ellos mismo festivales públicos en sus propias salas de los que no se quejan por competencia desleal. Ufanos de tener el mayor número de butacas, un poco carcomidas, luego coquetean para incorporar a través de privatizaciones sus novedosas ideas de gestión y así esquilmar nuestro patrimonio público. Algo ya habitual por estos “lares” en el resto de sectores, educación y sanidad. No creo tener la duda de ir a ver a Pedro Ruiz o a Pina Bausch; si me suprimen la segunda opción, como parece que abogan algunos, no creo que elija la primera, ¿realmente alguien piensa que comparten el mismo público?, bueno, quizás invitaciones de la “no consejería”, es posible.
Del Festival de Otoño destacar el apartado “Y además…”, por dos razones: por ser gratuito y por dar la oportunidad, al público en general, de conocer más personalmente el trabajo de las diferentes compañías, cosa, casi siempre, restringida a los periodistas.
En esta edición hemos tenido el homenaje a Pina Bausch, con exposición de fotografías y un maratón de proyecciones en torno a los trabajos de la creadora, donde se han podido ver grabaciones de algunos de sus espectáculos, entrevistas, etc. El que se lo haya perdido tendrá que informarse en el Instituto Goethe, el cual ha facilitado parte del material y colaborado en este homenaje.
Dentro de este apartado y aprovechando el Cincuenta Aniversario de la fundación del Teatro “13 filas”, cuya figura central fue Jerzy Grotowski, el Festival, junto con numerosos colaboradores, especialmente Réplika Teatro, han elaborado una serie de actividades en torno a la figura de Grotowsky, incluyendo un taller de entrenamiento para actores en la técnica de este creador. En el apartado de los más mediáticos, para los que es complicado comprar entradas, entrevistas, autógrafos y demás prendas. Al espectáculo de la compañía de Pina Bausch, que ya lo era en vida, este año, hasta la prensa, políticos y demás administrativos, han tenido problemas para conseguir invitación. En años anteriores pasó con Peter Brook y también sucede con Robert Lepage.
Tal vez, lo más interesante