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Carta a la profesión

Es hora de sentir un poco de orgullo colectivo

Cuántas veces estas cartas comienzan y terminan con quejas porque no se respeta nuestra profesionalidad, nuestro papel en el mundo de la cultura, que al menos en nuestro país, nos hace sentir a menudo que prácticamente no contamos. Por eso, buscamos nuestros propios reductos de premios a la labor interpretativa sin condicionantes de industria, explotación comercial, o cualquier otra cosa que no sea nuestra dura, preciada y preciosa profesión.

Pero creo que es hora de que también aprendamos a celebrarnos colectivamente como profesión, cuando a la vez que se premia la labor artística por un trabajo determinado, podemos ver que la política de gobierno estatal reconoce nuestra contribución a la cultura del país a través del mérito de una vida dedicada al oficio.

En nuestros Premios de la Unión de Actores decidimos este año reconocer el premio de Penélope Cruz en los Oscar de Hollywood, como habíamos hecho el año anterior con Javier Bardem, con una mención especial de agradecimiento por su generosa dedicatoria. Cómo no vamos a sentirnos además de agradecidos, orgullosos, porque se premie el trabajo de nuestros compañeros. Alguna pretendida descalificación en ciertos medios como que somos un grupo de amigos que nos premiamos a nosotros mismos no puede siquiera lastimar nuestras intenciones, sino que antes bien las realza. Porque si es que somos un grupo de amigos, debemos ser un grupo bastante grande que nos sentimos felices con los premios de los nuestros. Porque somos muchos, no siempre amigos lamentablemente, sólo quiénes no pueden sentirse parte del grupo –y ya no hablamos sólo de la Unión, sino del sector, familia común en la profesión que nos congrega–, pueden supurar ese veneno del resentimiento.

Pero para esta clase de veneno no hay mejor antídoto que el orgullo de pertenecer a un colectivo que, en poco más de un año, en nuestra España, es receptor por dos veces de la más alta condecoración del Estado, la Medalla de Alfonso X El Sabio, entregada por el propio presidente de gobierno español. A título póstumo, a Fernando Fernán Gómez, en mayo del 2008, y a Manuel Alexandre, en marzo del 2009.

Esto es el equivalente en España de esas altas condecoraciones y títulos nobiliarios que otros países han concedido a sus grandes de la escena. Por tanto, es hora de sentirnos felices, al menos por un rato, por estas distinciones a dos actores tan cercanos, tan nuestros, tan eternos.

Es hora también de sentirnos orgullosos de que el presidente Rodríguez Zapatero nos diga que formamos parte de la historia, de la cultura y de la propia vida de un país. Según sus propias palabras: “Vosotros, los cómicos, los que habéis luchado lo indecible por reivindicar la dignidad de vuestro oficio, los que habéis sacrificado vuestra vida en un empeño casi divino, el de entretener a los demás y, sobre todo el de representarnos, el de ser nosotros, porque los actores sois todos nosotros. Tal vez por eso sois siempre uno de los gremios más comprometidos con el presente, porque estáis ahí, trabajando cada día con nuestros fantasmas, con nuestra memoria, nuestra conciencia, con nuestro ayer y nuestro hoy”.

Creo sinceramente que tenemos razones para celebrar nuestra profesión, aunque muchos no tengamos trabajo para ejercerla, ante el reconocimiento público que se le hace.


© Unión de actores 2009